miércoles, marzo 26, 2014

Abriendo los ojos

Hace unos días estuvimos presentes en una entrevista que le hicieron a la actriz Leyla Rangel, dentro de esto ella compartió sus experiencias y aprendizajes que estas le habían dejado, dijo tantas cosas que realmente me hicieron ruido, me recordaron otras tantas y me inspiraron a más.

Habló sobre las oportunidades, la magia de la vida, la forma en cómo el universo conspira para que tengas lo que te sientes merecedora a tener, pero dijo algo  muy importante que va más o menos así: “…No sé si es que esos milagros pasan algunas veces o siempre pasan y nosotros no tenemos los ojos abiertos para verlos”. Que analogía tan interesante y sabia, creo que unos de los componentes de la vida es la magia y los “milagros” no son más que esos momentos en los que decidimos abrir los ojos y ser consientes de esos momentos mágicos, así es que muchos pueden decir que un amanecer es un milagro, un atardecer, incluso simplemente respirar, sin embargo estamos tan inmersos en esos problemas cotidianos, en lo que nos hace falta, en lo que desearíamos tener, en todo lo malo que no vemos las bondades y las bendiciones que nos rodean, entonces tenemos a aquel que siempre corre porque va al trabajo, una persona mal humorada, estresada y constantemente cansada, si esta persona un día se detuviera, tan sólo cinco minutos y mirara al cielo u observara un árbol, podría maravillarse de la magia del universo y su ser podría estar en paz. Un día, hace mucho tiempo, caminaba por la calle y me detuve a esperar a alguien que saliera de una tienda, entonces miré hacia la banqueta de cemento y descubrí que por un pequeño agujero que se había formado, se levantaban una pequeñas florecitas, me sorprendió, recuerdo que me pregunte ¿Cómo es posible que aún con todo en contra, esas flores tienen la fuerza para levantarse entre tanto asfalto?.

Por otro lado, estamos tan acostumbrados a ver las cosas malas que olvidamos ver las cosas buenas de todo, en especial de las personas, vivimos en una sociedad que constantemente está separando lo malo en lo bueno, siempre señala los defectos y la parte negativa del comportamiento, pero ¿Qué pasa si un día, todos nos dedicamos a señalar únicamente lo bueno de todo? Entonces descubriríamos lo maravillosos que podemos ser, todas esas virtudes que creíamos no tener, descubriríamos y reconoceríamos nuestra fuerza, nuestro poder, el cual nos corresponde por derecho, sabríamos que no hay nada imposible, ni siquiera el sonreír desde lo más profundo de nuestro ser, empezaríamos a darnos cuenta que nuestros sueños son únicamente metas que podemos alcanzar siempre, porque somos seres con una virtud más grande que la de muchos: la conciencia, aunque últimamente lo hemos manejado como nuestra debilidad, algo malo, hemos aprendido tanto a racionalizar que nos hemos olvidado de algo muy importante… sentir.
Nuestra intuición es sabia porque nosotros somos sabios, pero hemos dejado de escucharnos por escuchar lo que dicen afuera, los “no puedes” “no eres capaz” “no estás listo” entonces cuando yo me enfrenté a esas interrogantes me pregunte ¿Por qué no estoy lista? Así fue que tomé fuerza para no sumergirme en todo eso malo y empezar a ver lo bueno de todo, ver la magia, las bendiciones que me rodean, porque de verdad que la vida puede ser maravillosa, el mundo y nuestro medio también, sólo hace falta que reconozcamos que nos merecemos esa alegría, esas bendiciones están esperando por nosotros ¿Lo vas a desperdiciar? Anímate a ver las cosas buenas, descubrirás una gran paz en ese camino.

La madurez de las palabras de Lyela me quedaron muy grabadas, si es verdad, ha tenido muchos éxitos en su carrera y la respeto por eso, pero lo que me hizo admirarla y respetarla en verdad no fue eso si no esa forma de pensar, lo que ella es en esencia, la forma en cómo se reconoce como ser humano poderoso, creador, para mí, los logros son aplaudibles y por supuesto merecen reconocimiento, pero son la consecuencia de algo mucho más grande y maravilloso, el desarrollo y reconocimiento del ser, de quienes somos y ella, a su corta edad, ha tenido la fuerza de enfrentarse a sí misma, a interrogarse, habla con la sabiduría de los ancianos y estoy segura que todo lo que hace y proyecta es eso, la fuerza y el carisma de su alma, se ha ganado mi respeto y admiración por eso y estoy segura que su verdadera vida apenas comienza y así nosotros, debemos enfocarnos en nuestro propio desarrollo, en descubrir y honrar nuestra esencia, una vez hecho esto, todo aquello que soñamos se irá cumpliendo uno tras otro porque simplemente sabremos que lo merecemos.

Para conocer más sobre Leyla, sus logros y nuevos proyectos:

https://www.facebook.com/LeylaSofiaActriz?notif_t=fbpage_fan_invite
http://www.youtube.com/channel/UCrwyrcCK8JGsyXcPzNKvj3A


jueves, marzo 13, 2014

¿Estás listo para perdonarte?

 “Toda enfermedad proviene de un estado de “no perdonar” es la frase de Louis L. Hay que me motivo a esta entrada, me hizo pensar mucho en las consecuencias de no perdonar a alguien, de hecho, creo que es mucho más profundo que olvidar o pasar por alto las actitudes de alguien externo, creo que tiene más que ver con nosotros mismos y lo que pensamos, lo que sentimos y lo que proyectamos al mundo, también creo que está íntimamente ligado a lo que nos sucede, sí, creo que si no perdonamos no podremos tener una vida plena, así como que obstruimos el paso a las bendiciones que por derecho nos corresponden, si, perdonar tiene que ver más con nosotros, no con las personas que nos rodean.

Con este tema puedo recordar el caso de una persona que por años ha vivido con dolores musculares, infecciones, dolores en cabeza, gastritis, colitis, dolores articulares, en fin, un montón de malestares físicos, incluso alguna vez tuvo que someterse a un estudio bastante fuerte sólo para descubrir que sufría de una fuerte hernia hiatal, desde muy chica lo veía enfermo y con ciertos ataques de histeria, fue cuando estaba en mi adolescencia que empecé a leer libros de alquimia, metafísica y si, algunos cursos, que empecé a notar la tristeza que lo envolvía, aprendí que en el rostro de las personas se puede saber el tipo de vida que han llevado y vaya que tenía la cara maltratada, sus facciones eran toscas y su ceño casi siempre estaba fruncido, pero fue cuando entré a estudiar psicología que aprendí los conceptos, supe lo que era el odio, el rencor, aprendí sobre la “profecía autocumplida” y sobre la somatización, entonces al unir estos conceptos a los metafísicos todo tuvo mucho más sentido para mi, sus dolores no eran más que pura somatización, ¿Cómo lo sé? Porque al momento de hacerse estudios más profundos, esta persona presentaba buena salud “saludable como un caballo”, era por ciertos períodos de tiempo en los que presentaba los malestares, normalmente cuando había situaciones fuertes.

El tiempo fue avanzando y los malestares cada vez eran más estacionarios, se quedaban por más tiempo y su sentido de victimización no ayudaba a alejarlos, todo lo contrario, buscaba que se quedaran más tiempo, con los años aprendí a escuchar lo que la gente decía, a realmente poner atención a sus palabras, ahí también hay señales de que piensan de la vida, cómo la enfrentan y cómo les ha ido, descubrí algo increíble, sólo hablaba de venganzas, no de lastimar físicamente, eran más como palabras “ellos me la hicieron, ellos la pagan, no sé cómo, pero la vida los hundirá y yo me he de enterar, me va a dar mucho gusto”, también solía blasfemar en contra de cualquiera que estuviera en contra de sus ideas, degradaba a todos los que él consideraba que le daban la espalda y no acataban lo que él pedía, lo impresionante era ver y sentir el odio con lo que decía aquellas palabras, de pronto asustaba.

Desde muy pequeño fue acumulando esos odios en contra, incluso, de sus padres, hablaba mal de ellos o simplemente no les hablaba, creía que lo habían corrido de su casa porque de niño lo mandaron a un internado, creció con amistades que no le dejaban cosas buenas y cuando se independizó comenzó a buscar la riqueza, era lo que quería, se casó, según él dijo, por lástima con su esposa, ella sufría de maltrato familiar y quiso ser su “héroe”, tuvo a sus hijos y los educó con amor, ese amor en el que no les faltaba nada material y de verdad nada les faltaba, aparentemente. El tiempo fue pasando y las circunstancias de su vida se tornaron complicadas, se le presentaron tantos obstáculos que de pronto sentía que no iba a poder, maldijo a todos aquellos que lo llevaron a ese punto, corría de una ciudad a otra, buscando cambiar, estabilizarse, pero sus actitudes, la forma en que se desenvolvía no lo permitía, terminaba peleado con cualquier “amigo”, los maldecía a todos.

A través de los años fue acumulando odios, rencores, cada vez se veía y se percibía más pesado, cansado, acabado, la gente que lo empezó a rodear eran estafadoras, mentirosas, gente a veces sin escrúpulos y él, disfrutaba de esa vida, decía que nunca había que confiar en nadie, que los amigos sirven para utilizarlos, entonces descubrí que con esto él mismo alejaba a sus pocas amistades y se empezó a llenar de gente avariciosa y convenenciera. La vida le puso muchas pruebas para que recapacitara, para que abriera los ojos y recordara la humildad de la vida, que había belleza hasta en lo más simple, pero no lo hizo, no se dio cuenta y siguió maldiciendo todo y a todos, se hundía cada vez más.

Él pensaba que no tenía que perdonar a nadie, que más bien eran todos los que le tenían que pedir perdón porque, a su forma de ver, había sido amigo fiel, empleado leal y ser humano ejemplar, que nunca hizo nada malo y que siempre veía por los demás, exigía que se le diera prioridad porque era alguien importante y que nadie podía tocarlo porque de lo contrario pagaría las consecuencias, vivía en el eterno sueño de que todos los que le fallaron regresarían queriendo favores de parte de él y él nunca se los daría, no lo merecen, pero la vida tenía planeada otra cosa, la tela que había estado tejiendo con sus acciones, su forma de pensar, sus palabras, era muy diferente a la que él había planeado, nadie lo fue a buscar, nadie le pidió favores, nadie le llamaba, nadie le pidió perdón… Claro está que nadie le iba a pedir perdón, ¿Cómo iba a ser eso posible si él no se podía perdonar a sí mismo?

Un día desperté y me di cuenta que estaba empezando a albergar rencores en mi corazón, me sentía pesada, no podía ser libre de sentir amor en plenitud porque mi cabeza giraba en torno a lo que yo creía que era malo, lo que me habían hecho, que equivocada, entendí que nadie nos hace daño, nadie nos lastima y nadie nos rompe el corazón, simplemente somos nosotros, piénsalo, cuando nos enojamos porque nuestro jefe nos dijo que no merecíamos ese aumento, ¿Cuál fue la primera reacción que tuviste? Después de blasfemar en contra de él claro, pues es decepción y en algunos casos, nos castigamos pensando que no somos lo suficientemente buenos, que no valemos lo que pedimos, que no valoran nuestro trabajo… pero si nos ponemos a pensar más profundamente, ¿Qué hay detrás de eso? Un sentimiento, por parte de nosotros, de no merecimiento, miedo, decepción y lo que paso, simplemente es el reflejo de lo que estamos sintiendo, únicamente para reafirmar la imagen que tenemos de nosotros mismos: “Ya lo sabía, no soy tan bueno como creí”. Entonces nos hacemos de más rencores y odios hacia otro, sin darnos cuenta que viene de nosotros mismos.

Perdonar a los demás, no es simplemente hacer que las cosas nunca pasaron, tampoco es “condonar sus faltas” , de hecho, no tiene nada que ver con los otros, tiene que ver con NOSOTROS, perdonar es aceptar y abrazar las diferencias entre nosotros, saber que el otro nunca va a actuar como queremos porque simplemente no es como nosotros, él, ella, piensan muy diferente a ti, es verdad, existimos personas afines, por algo tenemos amigos, pero esos sentimientos de rencor son únicamente tuyos, de ti para ti. Ese odio, enferma, nos desgasta porque pasamos el tiempo cargando una piedra que nosotros mismos nos pusimos, por eso, toda nuestra energía se va a alimentar ese sentir, ¿No es increíble? Somos nosotros mismos los que nos estamos lastimando al alimentar esa carga, es por eso que nos enfermamos, nuestro cuerpo es tan sabio que nos avisa cuando estamos haciéndonos daño.

Perdonar no es sólo descubrir la individualidad del otro, es también descubrir la nuestra, aceptarnos diferentes y amarnos como somos, es aceptar que si sucede algo que en apariencia nos lastima puede ser nada más un recordatorio, un aprendizaje y si alguien se enoja con nosotros, pues es porque él (ella) no entienden lo que tú sí, entonces al aceptar esto, dejarás de tomarte personal las reacciones de los otros, así, por mucho que te digan o hagan, entenderás que no es por ti, es por ellos. ¿Odias la forma de ser del otro? Entonces pregúntate si es posible que tú te comportas de ese modo y sea una cualidad que no te guste, todos somos un reflejo y bien lo decía Jung en su teoría de las sombras, aquello que odias de tu vecino, es lo que más odias en ti, así como aquella persona que decía odiar la traición, nunca se preguntó si él traicionaba a los demás, por mi experiencia con él, si lo hacía.

Perdona a todos los que crees que te lastimaron, por muy fuerte que haya sido, siempre tenemos la opción de cambiar, de ser diferente y rodearnos de gente diferente, haz una revisión del medio en el que te desenvuelves y las personas con las que estás, así es una manera más fácil y visible de conocer cómo estás tú, que es lo que estás proyectando al mundo.

Perdona a los demás porque mereces estar sano, ser libre y ligero, perdona a los demás porque mereces sentirte feliz plenamente con todo y con todos, siempre recuerda que lo que pasa allá afuera no es más que un reflejo de lo que sucede adentro, ¿No te gusta? Empieza a sanar.

Perdona a los demás y permítete conocerlos, pregúntales la razón de su comportamiento, recuerda también que todos tienen una historia, no juzgues, tú no sabes que tanto puedes parecerte a ellos, perdona a los demás, porque perdonarlos a ellos es perdonarte a ti.

Siu Lin J. Cancino