Siempre me he catalogado como una persona que vive muy
intensamente las situaciones de su vida, tengo la facultad de hacer muy grande
algo que en realidad no lo es, así como puedo detestar a alguien con gran
fuerza, también puedo amar con la misma intensidad y muchas veces a la misma
persona, es por eso que a mi edad me he permitido voltear y analizar cada
pedacito de mi vida, prefiero hacerlo cada determinado tiempo y no esperar
hasta la vejez para recapacitar y darme cuenta que cambiar constantemente es
posible y necesario. Uno de los ingredientes más presentes de mi vida es el
amor.
Como todos empecé amando al exterior, amaba a mi familia,
amaba mis caricaturas, ah porque como las amo aún hoy, amaba a mi mascotas, mis
amigos, cada regalo que me daban como premio por tener buenas calificaciones y portarme
bien, amaba las tardes en mis actividades extracurriculares, amaba ir a nadar
al club con mis hermanos y las felicitaciones en mi cumpleaños, de los regalos
en Navidad ni hablamos, siempre me consideré una niña feliz, llena de
bendiciones, regalos y si claro, momentos tristes y difíciles que me hacían
creer que yo tenía la culpa si me
regañaban. Pero entonces la cosa se fue complicando y ya no era nada más el
amor al juego y la diversión, fui despertando y descubrí el amor de pareja, tan
ingenuo, inocente y puro, yo creía que podía hacerlo todo, lograr lo que me
propusiera, descubrí mi pasión por crear historias y la música, constantemente
conectaba un micrófono al estéreo y me ponía a cantar con mis artistas
favoritos, amaba a los Backstreet Boys, a Britney y N*syng. Descubrí que me
comenzaron a gustar los niños de cierto perfil, con ciertas actitudes, siempre
aunado a lo que la mercadotecnia me mostraba en la televisión, amaba a Nick y
si, tuve un gustito con un niño parecido a él, o eso pensaba yo, descubrí a mi
mejor amiga y lo que era amar a una persona ajena como una hermana. Fui
creciendo y entonces, sumergida en mis fantasías, me enamoré de muchos niños en
la secundaria, por su forma de ser, por como hablaba, si, algunas veces por sus
ojitos verdes y lo blanco de su piel, en otras ocasiones no eran tan
agraciados, pero decía que su forma de ser era lo que me atraía, pero olvidé
algo, la alegría del momento, viví inmersa en un gran drama porque siempre tuve
amores no correspondidos, el niño que me gustaba nunca me hizo caso, ni siquiera
me hablaba como yo quisiera, por más que no hiciera no me volteaba a ver, y así
transcurrieron kermeses y fiestas de escuela que si, debía divertirme, pero
sólo buscaba agradar a mis amigos y a los niños que me gustaban, que ingenua,
tuve una buena amiga durante este tiempo, era muy popular y entonces conocí lo que
era ser la mejor amiga de la niña popular, la que aconsejaba a sus novios para
quedar bien con ella, ellos tenían que quedar bien conmigo y sí, me sentí feliz,
pero vacía, no tenía eso que buscaba, él no me correspondía. Y así pasé la
secundaria, sumergida en una sombra de tristeza y angustia, empecé a dudar de
mí y mi autoestima estaba por los suelos. De pronto el amor de mi familia dejó
de importarme mucho, quería a mis mascotas, empecé a cantar canciones de
desamor y tristeza, las historias que inventaban eran de amores imposibles no
correspondidos donde al final él se daba cuenta del amor que sentía por mi
protagonista, comencé a dibujar.
La preparatoria fue algo diferente de cierto punto, nueva
gente, nuevos maestros, nuevo ambiente y si, nuevas ilusiones, nunca deje de
dibujar, nunca deje de cantar, nunca deje de ver mis caricaturas, me quité mis
miedos y comencé a hacer amistades, me quería enfocar en tener amigos, pero
cometí un error, me entregué completa e intensamente, yo ayudaba a todo aquel
que me lo pidiera de una forma profunda y grande, daba los mejores consejos y
abrazaba a los que lloraban conmigo, apapachaba a mis amigas y a todos llenaba
de detalles y regalos, les hacía dibujos y se los entregaba, dejaba y daba todo
por ellos, mis amigos, aquellos que cuando yo más lo necesité, nunca
estuvieron, que cuando pasé por momentos difíciles con relación a mi familia,
no se tomaron la molestia de preguntarme como estaba, nunca se detuvieron a
darme ese abrazo que necesitaba o ese consejo, mis queridos amigos, me habían
roto el corazón. Tuve un par de parejas, nada importante ni trascendente, pero
otra vez, me había entregado completamente, mis emociones, mis sentimientos, mi
esencia al desnudo con cada persona que estuviera ahí, pero indudablemente
terminaba llorando, resentida con todo, decidí cerrar mi corazón y no volver a
ayudar a nadie, deje de dar consejos profundos y de estar ahí para todos, al
final, nadie me lo agradecía, nadie lo valoraba y yo me sentía vacía, para mí
ya no existía el amor de pareja, amigos: algunos, conocidos: todos. Ya no
quería llorar más, ya no quería sentirme rota nunca más, así que ya no me iba a
abrir ante nadie, nadie debía saber quién era yo, nadie debía saber lo que
amaba, mis gustos, entonces dije que hablaría de puras frivolidades y mejor si
me enfocaba en los demás, nunca compartir lo que me pasaba, tal vez a algunas
personas, los que pasaran la “prueba” y demostraran que fueran mis amigos, que
ingenua. Pero en medio de mi rebeldía emocional, la vida tenía preparada para
mí el más cruel de todas las jugarretas que podría hacerme, me demostró que
estaba equivocada y que lo que yo pensé era lo correcto realmente era
incorrecto, que no debía cerrarme a nada ni a nadie, que tenía que abrazar mi
forma de pensar, mi forma de ser, yo sentía que la vida se me iba y la realidad
era que apenas estaba empezando, fue aquí cuando conocí el más grande amor de
todos, una conexión que no conocía, me enamoré de alguien que, otra vez, no me
correspondía, pero había un premio de consolación, era mi mejor amigo, así que si
bien no podía ser correspondida como yo quería, al menos lo tenía a mi lado con
ese escaso amor que me daba como amigo, que tonta.
Salí de la preparatoria dudando, temiendo, lastimada y
sintiéndome conformista, con un gran amor en mi corazón a medias, con miedo a
ser lastimada por haber confiado en las personas equivocadas, “mis amigos”,
sentía que yo no iba a tener a nadie para mi, aunque en el fondo sabía que
merecía una relación de pareja completa, quería a mi familia, me daban paz,
pero había olvidado ese amor por enfocarme en mis ausencias, quería a mis
mascotas, pero ya casi no pasaba tiempo con ellas, seguía cantando, pero
lloraba al mismo tiempo, dibujaba mucho, todas mis fantasías, me perdía en mis
trazos, empecé a escribir poemas y pensamientos llenos de nostalgia y tristeza,
deje de bailar y de importarme el momento, me perdí en las olas de mis fantasías
no cumplidas, mis deseos frustrados y con los deseos del futuro, no había nada
que me llenara, sólo ese amor no correspondido, que vacía me sentía.
Entonces entré a la universidad con la plena convicción de
que sólo iba a ser amigos, decidí empezar a ser lo que yo era, liberarme pues
era un nuevo comienzo, nadie me conocía, volví a ser juguetona, compartir mis
gustos, platicar lo que no había platicado, ya estaba cansada del drama,
además, tenía a mi mejor amigo, si, no me correspondía, pero estaba bien, me
conformaba con su compañía, empecé una nueva etapa de vida convencida de que no
había nadie para mi más que él, que ingenua. Si me empecé a llevar con algunas
personas, pero mi mundo giraba en él, si salía con otras personas, pero siempre
pensaba en él, que limitada era mi visión, pero otra vez la vida me tenía
preparada otra sorpresa, me enamoré de la persona menos esperada y lo más increíble,
por primera vez, me correspondía, inmediatamente, al conocer a esta persona, me
volví lo que era, lo que siempre había sido y lo que siempre seré, de pronto
todo ese miedo por ser lo que yo era y salir lastimada había desaparecido, con
ella, simplemente fluí y ni cuenta me di, podía ser lo niña que siempre he sido
y me lo aplaudía, es más, me lo potencializaba, podía ser lo fantasiosa que
siempre había sido, y no se burlaba, podía ser lo llorona que siempre he sido y
simplemente me abrazaba, podía compartir mis inseguridades y me daba fuerza,
podía contarle mis problemas y sentimientos más profundos y ella, simplemente
me daba las palabras correctas, ella no me rompía el corazón, ella no me lastimó,
ella no se burló, ella simplemente me aceptó y fui feliz, empecé a reconocerme,
pero había algo que aún no terminaba de encajar en mi, entonces, después de
siete años a su lado un día desperté y lo entendí todo, no tenía que buscar
afuera, tenía que ver por mí, en mi.
El amor a mis veintisiete años ha sido una montaña rusa,
altas y bajas, pero es ahorita que entiendo que desperdicié muchos años de mi
vida por vivir en el drama, en amores no correspondidos, en fantasías que ya
estaban destinadas a no suceder porque simplemente solo eran fantasmas de mis
inseguridades, entendí que el amor no está afuera, sino dentro, si, puede sonar
a cliché, pero es la verdad, si no me amaban como yo quería era porque yo no me
amaba como yo quería, entendí que la joya más preciada que cada uno de nosotros
tenemos son nuestros sentimientos, nuestra esencia y que si bien podemos
compartirla, no todos merecen poseer joya tan preciada, a mi edad aprendí que
tu familia siempre va a estar ahí, amándote con la misma intensidad aunque a ti
se te olvide, que nuestras mascotas cada segundo nos amarán con la misma
fuerza, aunque no pasemos tiempo con ellos, que amigos, todos somos amigos, y
que debemos dejar de juzgar a los que nos critican, simplemente somos un
reflejo de lo que odian en ellos mismos, a mi edad entendí que vale más un
minuto en el presente que horas de fantasía, aprendí que si vivimos inmersos en
los deseos frustrados pasaremos la vida lamentándonos y cuando miremos al
pasado, nos arrepentiremos de no haber reído lo suficiente, de no haber jugado
lo suficiente, de no haber disfrutado un momento que ya nunca regresará, aprendí
que el amor de pareja es lo más hermoso del universo, no porque nos llene o
complemente, sino porque es un potencializador para nosotros, el verdadero amor
simplemente nutre, te hace crecer, te hace ser más, te hace no querer parar
porque no quieres dejar de llenar lo que sientes, aprendí que nosotros elegimos a quien amar y como,
nosotros elegimos si somos felices o no y de la forma en cómo serlo, aprendí
que la vida no es más que una constante de elecciones, eres feliz o no, te amas
o no.
Aprendí que muchos nos darán muchos consejos, pero que
debemos aprender a filtrar y quedarnos con lo que nos nutra, aprendí que si doy
miserias de amor, recibiré miserias de lo mismo, entonces descubrí que no
estaba mal amar intensamente, no estaba mal entregarme en plenitud, no estaba
mal sentir con cada poro de mi piel la lluvia o la frescura del pasto, no
estaba mal escuchar a todos y ayudarlos con los mejores consejos que ellos se
merecen porque no necesito de su aprobación ni de su reconocimiento, el simple
hecho de saber que ayudé me llena y me nutre, entonces elijo ser feliz siendo
como soy, igual de juguetona, disfrutando mis caricaturas, disfruto de canciones,
pero el drama lo substituí por mensajes de aliento, de fuerza y esperanza,
nunca dejaré de amar a aquel que no me correspondió, porque es una conexión de
por vida, pero jamás lo amaré como amo a mi pareja actual, me rescató y no
estoy segura de que lo sepa, me limpió de toda esa mugre que me cubría, me
quitó las sombras y con su paciencia y amor, me ha llevado a ser lo que soy
ahora. Para amar no necesitamos de la aprobación de otros, lo único que
necesitamos es recordar que todos nos amamos de formas distintas, unos
consientes, otros no, aprendí que una cosa es amar y otra cosa estar enamorado,
el amor a mis veintisiete años depende de mí y del enfoque que le quiera dar a
las experiencias de mi vida y es porque me amo que decido ser auténtica, vivir
lo que soy sin miedos, no es un camino sencillo, hay muchos fantasmas que
debeos vencer, hay sombras que aún tengo que enfrentar, el miedo, pero como una
persona en rehabilitación, la aceptación es el primer paso.
Y entonces te amo porque me amo, te quiero porque me quiero,
te entrego mi esencia porque lo mereces, mereces lo que tengo para ti, te
abrazo con fuerza y que mis palabras te llenen de vida. Ama con intensidad y si
sientes que no te corresponden o que te rompen el corazón, no te pongas triste,
recuerda que si amas de esa forma es porque eres tú, no porque esperas la
aceptación de nadie, recuerda que los que se van, es porque se asustan del amor
tan fuerte y puro que entregas, porque no saben de eso, no conocen de ese amor,
pero no por eso tú debes dejar de ser auténtico, no por eso vas a dejar de ser
quien eres, porque ya sabes que no es que ellos te reconozcan, es que tú te
reconozcas y te celebres auténtico, el amor a mis veintisiete años es mi propia
esencia y por consiguiente, un reflejo de cómo los demás me aman, sigo siendo
una llorona y una intensa, nunca dejaré de ser histriónica, pero cuando me
acepté como soy, las personas correctas se acercaron y se quedaron en mi vida,
mis amigos, los que no me juzgan, los que no me critican, los que, incluso, se
unen a mis arranques, entonces también aprendí que a medida de que tú te
aceptes, entonces, la gente que te rodea te aceptará y hasta serán cómplices de
vida, hay una maravillosa paz al vivir en esto y sí, vas a cambiar otra y otra
vez y ellos cambiarán todos contigo, posiblemente algunos se vayan, pero así es
la vida, un constante cambio, un constante devenir y notarás que no te afecta,
porque aquellos que se van es porque ya terminaron de aportarte lo que te
correspondía y otros los necesitan, así que sonríe y agradece porque las
conexiones nunca se rompen, por muy alejados que estemos, vive el momento y
disfrútate, disfruta a los que están en este momento contigo porque lo mereces
y ellos lo merecen, diles lo mucho que los quieres y lo especial que son para
ti, pero sobre todo, nunca dejes de sonreír, de llorar, de cantar, de dibujar,
de bailar, de pasar tiempo con tus mascotas y tu familia, y cuando encuentres a
tu pareja de vida, nunca dejes de hacerle saber lo especial e importante que es
para ti, amalo(a) como una extensión de ti, porque él (ella) eres tú.
Esto es el amor a mis veintisiete años y estoy segura que en un par de años va a cambiar, pero estoy segura de que es lo más hermoso que me pudo
haber pasado, y lo es para ti, sin importar tu edad, que despierte tu
conciencia y descubras ese maravilloso tesoro que tienes y compártelo, porque
lo que tenemos por derecho es para compartir, no temas ser auténtico(a), esa es
tu más grande tesoro y debes estar orgulloso de eso, más que por otros por ti,
por tu liberación y tu paz, aprende a perdonar y perdónalos a todos, mereces
ser libre, mereces ser tan feliz como el infinito del universo. Gracias por ser
el reflejo de mi alma.
Siu Lin J. Cancino
2 comentarios:
Me sentí identificado en muchos puntos, y te encuentro mucha razón, excelentes consejos los que das, los aplicarlos en mi vida.
Me sentí identificado en muchos puntos, y te encuentro mucha razón, excelentes consejos los que das, los aplicaré en mi vida.
Publicar un comentario